Viernes 28 de noviembre de 2003, 11.25pm
La vida nunca me deja de sorprender, de repente crees que todo está bien, crees que todo llega a un balance, llega a lo que tú crees que es normal o rutina de la que acostumbra todo el mundo, pero te das cuenta que el balance es que no existe balance, cuando descubres que las personas que están cerca tuyo son las que en realidad están mas lejos, las que en realidad aprecias y ni siquiera hablas con seguido. Porque aún personas que conoces desde siempre, que las viste crecer y que creías tu amigo, resulta ser el tropiezo más cercano y no te sorprende lo que hace o dice sino que después de lo sucedido piensas “si este es un amigo ¿qué será un enemigo?”
Es la vida una sorpresa porque anoche soñé con alguien que hace mucho tiempo no veo ni hablo con ella, pero de solo darle vuelta en mi pensamiento, llega el olor de los viejos sentimientos que revuelcan el alma y abofetean el cuerpo y deseas volver a vivir aquellos instantes que causaron una llaga en el alma y de los que lo único que queda es la cicatriz. Es raro que solo un simple sueño te haga caer, te robe de nuevo el pensamiento que creías que ya pasó, que ya no te hace daño. De repente la cicatriz sangra, no como antes pero es como el dolor de la mano que fue amputada, te duele y cuando despiertas descubres que ya no está, que se ha ido y lo más probable es que no volverá, y reclamas porque todos queremos ser como el oro, pero nadie quiere someterse al fuego que purifica el alma. Lo que has sufrido quieres que la vida te lo devuelva con intereses cuando todavía te está cobrando el precio de reír, soñar, el precio de vivir.
